Música Clásica online - Noticias, eventos, bios, musica & videos en la web.

Música Clásica y ópera de Classissima

Joseph Haydn

lunes 31 de agosto de 2015


Pablo, la música en Siana

19 de agosto

Mayúsculos Cuartetos menores

Pablo, la música en SianaMartes 18 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2015, Claustro del Museo Arqueológico de Asturias: Cuarteto Quiroga: Aitor Hevia (violín), Cibrán Sierra (violín), Josep Puchades (viola), Helena Poggio (celo). Obras de Haydn y Brahms. Entrada libre. En su cuenta de Twitter© el Cuarteto Quiroga escribía "500pers aforo completo y una cola con cientos fuera sin escucharnos. Luego dirán q la música de cámara es minoritaria". Qué más se puede decir del concierto probablemente más esperados de este verano carbayón, algo nunca visto en cuanto a la expectación generada desde su anuncio, porque todos sabíamos que estábamos ante un acontecimiento que triunfa allá donde va, sinónimo de éxito y además en Oviedo ¡gratis!. Porque este cuarteto se le siente como nuestro aunque sólo sea una cuarta parte, la conexión asturiana no es "madreñismo" sino auténtica sinergia desde Llanes hasta Oviedo y un placer poder deleitarse con esta cuadratura del círculo, pasar del Palacio Real al Arqueológico, un cuarteto mayúsculo, casi hercúleo, que afrontó dos obras en modo menor, dos muestras de la excelencia que "El Quiroga" domina de principio a fin, Haydn, el padre del cuarteto, y Brahms, el alumno aventajado, dos momentos, clasicismo y romanticismo, para cuatro magníficos que funcionan como unidad total. Soy muy dado a buscar paralelismos y no cabe duda que el mejor para hoy es el piragüismo, de hecho nuestra tierra presume de olímpica y universal en este deporte, esta vez en el llamado K4, auténticos campeones individuales que comparten embarcación para remar en perfecta sincronía, respirando al unísono y alcanzando triunfos allá donde compiten, tal es el grado de perfección y entendimiento de una formación que sólo el tiempo, y llevan más de diez años juntos, es capaz de elevar a estas cotas de trabajo permanente. El gallego Cibrán Sierra ha publicado el pasado noviembre un libro titulado "El Cuarteto de Cuerda: laboratorio para una sociedad ilustrada" (Alianza Editorial), casi un manual desde el que comprender esta formación en proceso inverso, casi de retroalimentación de la práctica a la teoría, la historia que nos ayuda a entender mejor y sin olvidar que para muchos de mi generación -y anteriores- supuso el itinerario previo necesario para alcanzar cotas mayores. Así entiende, tal como (d)escribe el cuarteto la música que interpretan desde el conocimiento profundo como docentes y ejecutantes, en una una embarcación que les está llevando por todo el mundo con la calidad como bandera. Ésta es la verdadera "Marca España", un asturiano, un gallego, un valenciano y una madrileña, capaces de acallar bocas con los hechos, la música de cámara con mayúsculas, accesible, popular y embriagadora para todos, moviendo masas en pleno verano carbayón. El Cuarteto de cuerda en sol menor op. 20 nº 3 (Hob, III. 33) de Haydn es todo un catálogo de sensaciones y el mejor inicio en el mundo camerístico por excelencia, piedra de toque con la receta sempiterna a partir de entonces de los cuatro movimientos, el banco de trabajo y "laboratorio" para experimentar, un Allegro con spirito donde las cuerdas coquetean con un sustento claro del cello, el Menuetto (Allegretto) de evocación barroca por lo danzante y verdadera maravilla polifónica, riqueza de matices posibles desde la sutil limpieza de cada integrante del cuarteto, el extenso Poco adagio de lirismo intrínseco para paladear todos los registros sumados en empaste casi paradisíaco, pianísimos que cortaban el aire (hoy sin apenas interrupciones), silencios dramáticos preparatorios de cada frase con un cello "cantabile" poderoso pero nunca hiriente, acunado por sus tres compañeros de viaje, y el Allegro molto como guinda de un manjar, evolución sin involución sonora pues escuchar perfectamente a los cuatro sin perder unidad es la aspiración de toda la música en conjunto, siendo el cuarteto la mejor manifestación de ello y el elegido auténtica "prueba del algodón". Brahms pide, exige más como conocedor de sus antepasados y admirador de Beethoven, el Cuarteto de cuerda en do menor, op. 51 nº 1 explora sonoridades, conjuga pizzicatos y arcos, trabaja la melodía en los cuatro instrumentos, da protagonismo desde la colectividad y lo impregna de sentimientos aún más elevados, contrastes y evolución sin revolución: Allegro, tensiones marcadas, sinceridad interpretativa, respeto a cada duración, a cada momento, progresión de cuatro elementos en todas sus combinaciones, sin excesos ni decaimientos; Romanze. Poco Adagio, el más brahmsiano posible, cantabile a más no poder, romanticismo en estado puro y más que el experimento sinfónico la cercanía de lo máximo con lo mínimo, complicidades en todas y cada una de las cuerdas vibrando y cantando como una para alcanzar el timbre celestial cargado de todo el sentimiento posible; Allegretto molto moderato e comodo, el mundo en miniatura, la mínima expresión para el mayor placer, la línea eterna en los extremos dinámicos sin perder plasticidad ni belleza, música cada vez más actual y cercana, conjugando punteo y arco en feliz mezcla tímbrica, para alcanzar el Allegro final que nos sumerge en la angustia, tortuoso, grave, profundo, punzante pero no hiriente, de pulsación vital, respiraciones a una, fraseos prodigiosos, sumas sin restar, multiplicación sonora y sin división de opiniones porque el resultado global te deja vencido ante tanta música directa al estómago, siempre "Brahms con sentido Quiroga". De menores sólo las modalidades, mayúsculos los cuartetos y gigantesca la interpretación, no podían acabar sino con "un mayor" Haydn, el último movimiento del Op. 20 nº 4 para retomar el vuelo hacia las luces sin sombras.

Pablo, la música en Siana

1 de agosto

Muti: una lección de vida

El Faltstaff de Verdi en Oviedo con el maestro Riccardo Muti es historia desde el momento de su programación, noticia en todos los medios de comunicación y todo un acontecimiento nacional para los melómanos en general y operófilos en particular, siendo cita ineludible a pesar de las fechas en este tránsito de mes con luna llena, inicio, final o continuidad vacacional. La Asociación de Directores de Orquesta Españoles (AESDO) que presiden Cristóbal Soler y Óliver Díaz lograron organizar el mismo día de la primera representación verdiana un homenaje  y encuentro con el gran Muti en el Salón de Té del Teatro Campoamor, con el apoyo del Ayuntamiento de Oviedo, Cosme Marina y la representante del director napolitano) que resultó toda una lección no ya de música y de Verdi, que lo fue, sino de vida y pasión mediterránea a cargo del maestro napolitano, una hora para haber grabado cada palabra, cada gesto, desde la cercanía de los GRANDES y la sabiduría de quien conoce y defiende como nadie las óperas de su compatriota. Difícil reflejar la emoción en el ambiente, la escucha casi religiosa de los presentes, la humanidad del Maestro, con mayúsculas, despojado de la batuta e imbuido de la vida más allá de los pentgramas, ese Don Riccardo que puede decir sin equivocarse que "el director no debe crear" (en entrevista de Rubén Amón para el diario El Mundo, hoy también presente en Oviedo junto a muchos críticos, empresarios y dirigentes musicales). En un italiano comprensible, con algunas palabras en español, no importa el idioma cuando todo es tan vivido, fue llenando de anécdotas e historias donde se mezclaban con naturalidad pinceladas históricas que ayudaron a entender más a Verdi, la importancia de Vincenzo Lavigna, alumno de Paisiello y lo que supuso la escuela napolitana, el sur frente al norte, el Milán perteneciente al imperio austrohúngaro donde Mozart era "ciudadano" frente al Verdi "extranjero" rechazado como alumno de piano en su Conservatorio, el compositor romántico de escuela clásica, el escritos de todas su óperas para el público excepto la última Falstaff  para él mismo como auténtico testamento. Volvió a recordarnos Muti la "escritura mozartiana" de Verdi, conocedor y estudioso de los cuartetos del genio de Salzburgo, de los de Haydn y también de Beethoven como referentes siempre al lado de la mesa de trabajo en Roncole, y el Falstaff como la ópera más difícil de todas que inspira y acerca a Debussy o Stravinski por una modernidad increíble que requiere un control absoluto de la verticalidad de la música, el texto como protagonista en esta "ópera de cámara" ligera y profunda. No faltó el sentido del humor del Maestro criticando el poder visual, la imagen, olvidando que lo importante es la música, y hacer referencia a muchos colegas de gesto grandilocuente en esta moda de la imagen que encandilan al público, cuando precisamente es la letra con la música exacta la protagonista que apenas requiere un gesto mínimo, o cómo en los teatros los espectadores miran los sobretítulos olvidándose de la escena, exigiendo que todos conozcan el argumento con antelación... No podía olvidar a Mahler, admirador de las partituras de Verdi por su clasicismo, no solo el ritmo sino la expresión, cada nota con su emoción, sin renunciar al común Mediterráneo, los orígenes griego y romano de nuestra cultura frente a los "tedescos", por lo que "Grecia debe estar en Europa" sin falta de ser economista ni político. Bromeó incluso con Rigoletto y la famosa aria La donna è mobile, criticada como "vulgar" pero no estúpida, una canción del pueblo que está ahí por el momento y el personaje, algo que no debemos olvidar. Y lo mal que trató la vida al de Busseto, los críticos de Londres o París afirmando estar ante la peor ópera de su vida, el buscado enfrentamiento del público prefiriendo la "intelectualidad" a Wagner antes que a Verdi con todo el sufrimiento causado que le tuvo veinte años en silencio... De los intérpretes, casi como avisando de la función que vendría, les pide a todos que tengan "el diablo en el cuerpo", esa pasión y sentir de nuestra cultura, que no es ni circo ni inferior a las otras "del norte", Nápoles también como herencia española, saber escuchar y vivir frente a la exigencia, porque Verdi no juzga, habla y reconforta, Beethoven exige... algo que podemos compartir todos los presentes. Tampoco faltó el enfoque espiritual de Verdi, creyente en un dios no solo católico, judío, más bien la energía o fuerza superior, cómo sino podría haber compuesto su Requiem, y por supuesto la rúbrica musical del acorde de do mayor, acorde de paz y de luz que tantos otros compositores utilizarán con este sentido. La vida no se puede entender sin el amor, y aparece en todas las óperas del compositor parejo a su edad, todos los personajes (masculinos, femeninos, coros) son el propio Giuseppe, autobiográficos, citando La Traviata como la experiencia propia de la negativa a sus segundas nupcias con Giuseppina Strepponi como ejemplo, y por supuesto este Falstaff donde "todo es burla" cerrando ese círculo vital y amoroso. Un placer escucharle tararear muchas citas al hilo del relato, siempre sentido y compartido. Nos supo a poco y aún hubo tiempo para más emociones, como el programa de su debut como alumno-director allá por 1966 que le trajo su compañero de estudios Vicenzo Menghini, fagot de la orquesta de La Scala -como también su padre-, afincado en Deva (Gijón) hace años, departiendo largo y tendido sobre las vivencias de entonces, de Antonino Votto, a su vez discípulo de Toscanini, que rejuvenecieron ambos tras su anterior encuentro en 2011. Las fotos con todos los presentes, la cordialidad y amabilidad tras una lección que continuó casi hasta la hora de comer a las puertas del teatro, con las caras de sorpresa de transeúntes y visitantes (como "Pauline Viardot" espectadora de excepción) sabiendo que a las 20:00 horas de este viernes 31 de julio se levantaría el telón del Campoamor... Pero esta es otra historia... Gracias a la AESDO por hacernos partícipes de algo tan especial.




Ópera Perú

23 de julio

Dudamel y nueve sinfonías: Crónica de un ciclo de conciertos

© Teatro MayorPor Gonzalo Tello desde BogotáLuego de un exitoso concierto Binacional, La Orquesta Sinfónica Simón Bolivar de Venezuela, dirigida por Gustavo Dudamel, inició un ambicioso Ciclo de cinco conciertos dedicados a las sinfonías de Beethoven este miércoles 8 de abril en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá. Hasta el domingo 12 de abril, la orquesta habrá interpretado en forma completa estas nueve sinfonías, las cuales hasta hoy son referenciales en la música universal.La oportunidad que nos da el Teatro Mayor es única ya que escuchar estas obras de forma consecutiva nos permite apreciar el desarrollo compositivo de Beethoven, y como fue reflejando en su música estas ideas revolucionarias, que desenbocaron en un nuevo estilo musical, que marcó el siglo XIX: El Romanticismo.© Ópera PerúDudamel y orquesta iniciaron el Ciclo con las sinfonías 1, Op. 21 y la no. 2 Op. 36, además de completar el concierto con las dos Romanzas para violín y orquesta, Op. 40 y 50. La solista fue la joven violinista americana Simone Porter. Ambas obras son en extremo pastorales, no se exhibe gran virtuosidad en ambas, pues son como amplios adagios o larghettos. Porter, en posiciones cuasi gimnásticas me hizo recordar al estilo de postura de Sarah Chang en su reciente concierto en Lima. Sin embargo, al igual que Chang, Porter mantuvo un codo y brazo relajado al momento de emitir nobles y bellas notas en los pasajes de estas obras, con una orquesta y director atentos.En este primer día Dudamel y orquesta interpretaron las sinfonías no. 1 y 2, las mas neoclásicas, escritas entre 1799 y 1802. La distribución de la orquesta presentaba de izquierda a derecha a violines 1, chelos y contrabajos, violas y violines 2, así como dos filas de vientos y metales, con la percusión al fondo derecho. Dudamel dirigió sin partitura, de memoria, y así lo hizo durante todos los conciertos siguientes. En estas dos primeras sinfonías cortas y de carácter jocoso, se pudo percibir la precisión de los músicos para el estilo casi mozartiano, sin perder vigor ni fuerza en los movimientos rápidos. Beethoven hereda el estilo de Mozart y Haydn en estas obras, pero con armonías propias y muy modernas. Hace años yo solía decir que Dudamel imitaba la técnica de su maestro Claudio Abbado (eso se puede comprobar viendo videos antiguos de el dirigiendo) pero hoy por hoy esa técnica quedó algo relegada y mas próxima a la de Simon Rattle. Esto no es de extrañar, ya que Dudamel ha trabajado con Rattle muchas veces y dirigido a su Filarmónica de Berlín, así como Rattle ha dirigido muchas veces a estos músicos. En uno de los intermedios, conversando con el director del teatro, Ramiro Osorio, le comenté que el estilo del director y el sonido que emana la orquesta me remitían a ser una "hija" o "ahijada" de la Berliner. Este es el sonido que de alguna manera han asimilado los venezolanos.Otra de las cosas que fui descubriendo en el segundo concierto, en que escuchamos la Sinfonía no. 3 "Eroica", Op. 55 y la Sinfonía no. 4, Op. 60, fue el respeto de Dudamel con el estilo de Beethoven. Se le pueden criticar muchos otros compositores menos este, ya que lo tiene muy bien asimilado y sabe sacarle provecho. En este segundo día la orquesta mantuvo la configuración pero creció en número de músicos. Dudamel mantuvo tiempos precisos y logrando siempre un buen balance. Cada músico interpretaba con energía, vitalidad y entusiasmo. Sin embargo vale notar el gran trabajo en equipo como están compenetrados. Cada grupo musical tocaba al unísono con la precisión de un ballet ruso. Los mínimos errores se deben a una interpretación humana. Una de las mejores obras que escuché hasta el momento fue la infrecuente sinfonía no. 4, la cual gozó de una fuerza especial y detalles gloriosos.Otra de las geniales características de este ciclo fue ver como la orquesta lograba diferentes matices en los temas Da Capo. Si bien en todas las sinfonías de Beethoven los temas en cada movimiento se repiten mas de una vez, aqui rara vez se escuchaban igual, ya que siempre habían volúmenes u ornamentos particulares.En el tercer concierto del viernes presentaron la famosa Sinfonía no. 5, Op. 67 que fue interpretada también con fiel estilo, pero con fuerza mastodóntica hacia el final, en que los metales y especialmente los cornos fueron de alta calidad. La sinfonía no. 6 "pastoral", Op. 68 es un gran poema sinfónico, como el mismo Beethoven la llamó, y nos muestra una gráfica descripción, en cinco movimientos, de la naturaleza, excelente predecesora de los grandes compositores nórdicos como Sibelius o Grieg. La belleza y delicados volúmenes en la música fueron de destacar.El sábado llegó el turno de la Sinfonía no. 7 Op. 92, "La apoteosis de la danza" como la describió Wagner. Esta famosa obra fue interpretada con peso y sentimiento. La manera como iniciaron la Marcha Fúnebre fue de sonido pianissimo cuasi barroco a un todo orquestal inmenso. La conclusión fue una verdadera fiesta de sonidos. La Sinfonía no. 8 Op. 93, similar en duración y estructura a la cuarta, trajo brillo y vertiginosidad con una orquesta mas grande que retumbaba con el sonido en el amplio espacio del teatro.El domingo fue el día final de este gran Ciclo. A teatro lleno y con largas colas afuera de melómanos esperando algún espacio libre, la OSSBV en pleno, acompañada del Coro Filarmónico Juvenil de Colombia, Coro de la Ópera de Colombia y la Sociedad Coral Santa Cecilia, entonaron la Sinfonía no. 9, Op. 125 "Coral". Esta obra, escrita entre 1822 y 1824, muestra la madurez del genio de Bonn y su completa lejanía del estilo neoclásico. La modernidad con que esta sinfonía se presenta desde los primeros acordes, incluso nos remiten a lo que será la música muy avanzado el siglo XIX, con Wagner y otros grandes sinfonistas a la cabeza. Dudamel, antes de iniciar este concierto, dió unas breves palabras dedicando esta sinfonía al fundador de El Sistema, José Antonio Abreu (quien no estuvo presente), creador y hacedor de todos estos musicos, quienes son lo que son gracias a el, acotó. El teatro se llenó de prolongados aplausos.Dudamel se dió el lujo de entremezclar tiempos audaces, matices diversos en una obra que ocupa todo un programa, por su hora y veinte minutos de duración. El último movimiento, que de por si es una sinfonía entera, presenta los pasajes vocales de cuatro solistas y coro. El barítono austriaco Günter Haumer inició esta parte con una intensa interpretación. El fue acompañado por cantantes colombianos de nivel como el tenor César Augusto Gutiérrez (reconocido a nivel internacional), la soprano Mariana Ortiz y la mezzosoprano Adriana Bastidas Gamboa. Los solistas estuvieron detrás de los metales de la orquesta, y frente al coro, lo que no ayudó a que sus voces se escucharan plenamente. Es difícil cantar sobre una orquesta de sonido potente de mas de 100 músicos. El Coro lució jóvenes voces, grandes y con mucha musicalidad. Pudimos disfrutar del famoso "Himno a la alegría" interpretado nada menos que por 250 artistas sobre escena. Hacia el final de la obra, Dudamel, en tiempo prestissimo, acelera a toda la orquesta en un efecto que ocasionó un estruendo de aplausos.Cada sinfonía fue efusivamente recibida por el público, que las aplaudió todas de pie. Algunos de estos conciertos además fueron transmitidos en vivo por el Canal Capital de Colombia a nivel nacional y por internet en la plataforma Teatro Digital, la cual ya tiene una audiencia respetable y cumple los objetivos de formación de públicos, algo que en Colombia se viene desarrollando hace varios años con amplio apoyo del gobierno y empresas privadas.La experiencia fue satisfactoria además pues el Teatro tiene mucha acogida, el público bogotano atiende estos conciertos y no solo los disfruta, sino que los comparte. El público es muy entendido y sabe de música, orquestas, directores y acontecer internacional. Los exteriores del Teatro son muy amplios y cómodos, con terraza, cafetería y amplia gama de bebidas. El público no opta por irse pronto, a pesar de que el Teatro está alejado al norte, sino que se toma el tiempo de conversar en el foyer y departir.Sandra Meluk, directora de programación del Teatro Mayor, me adelantó los futuros espectáculos que recibirá este escenario. En estos días el English National Ballet presenta en una producción completa "El lago de los Cisnes" dirigida por Tamara Rojo, junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, dirigida por Gavin Sutherland. También llega desde Oviedo una producción de la zarzuela "La del manojo de rosas" del famoso director Emilio Sagi. Es decir, obras de calidad internacional.En el 2016 Meluk adelantó que ya tienen confirmada la visita de la Orquesta Filarmónica de Viena en marzo (esperemos que lleguen también a Lima en esta gira); Además, el Teatro Mayor presentará su primera producción propia de ópera: Será "Salome" de Richard Strauss. El plato fuerte llega en setiembre, cuando traigan toda una producción de la Ópera de Hamburgo de "Tristan und Isolde" de Wagner, nada menos que con la orquesta de ese teatro, dirigida por Kent Nagano.Un Teatro con autonomía económica privada y pública, en un país donde las leyes benefician a los auspiciadores que invierten en cultura, se puede permitir tamañas empresas en propuestas que benefician y hacen crecer y desarrollar de verdad a su pueblo. Ojalá algún día en Perú salgamos de la mentalidad infradesarrollada en que vivimos, sobretodo la de nuestros politiqueros, y podamos dar pasos concretos para lograr tener eventos de esta magnitud. Personas capacitadas y con muchas ganas ya tenemos, pero nos falta el visto bueno estatal, el cual como siempre es el único freno a nuestro propio desarrollo. (function(d, s, id) { var js, fjs = d.getElementsByTagName(s)[0]; if (d.getElementById(id)) return; js = d.createElement(s); js.id = id; js.src = "//connect.facebook.net/en_US/sdk.js#xfbml=1&version=v2.3"; fjs.parentNode.insertBefore(js, fjs);}(document, 'script', 'facebook-jssdk'));Grandiosa novena sinfonía de #Beethoven  acaba de ser interpretada por 250 músicos. Tres Coros, solistas y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar dirigida por Gustavo Dudamel.Así termina el Ciclo Beethoven de nueve sinfonías consecutivas en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá. Posted by Ópera Perú: Todo sobre la ópera y música clásica en el Perú on Sunday, July 12, 2015



Ya nos queda un día menos

3 de julio

Bruce Broughton en Sevilla

Hace veinte o veinticinco años el concierto de ayer me hubiera entusiasmado: Bruce Broughton (Los Ángeles, 1945) en el Teatro de la Maestranza dirigiendo a la Sinfónica de Sevilla en un programa que incluía obra cinematográfica propia en la segunda parte y ajena en la primera. Pero uno se va haciendo viejo y los gustos van cambiando, y lo que antes amaba con locura -la música escrita para la gran pantalla- ahora me interesa bastante menos que los Beethoven, Brahms y compañía. Claro que también el problema de que lo de anoche me aburriera a ratos puede deberse a que, dicho sea sin ánimo de ofender a mis admirados organizadores del evento, las obras no estuvieran siempre bien escogidas. Se abría el programa con el tema escrito para Los Vengadores por Alan Silvestri, el otro compositor que, junto con el protagonista de la velada, renovó el sinfonismo de mediados de los ochenta a la sombra más de John Williams que de Jerry Goldsmith, pero sin la inspiración de ninguno de ellos (no me olvido del recientemente fallecido James Horner, pero ese seguiría pronto otro sendero muy distinto). Volviendo a The Avengers, el tema es una perfecta muestra del tan correcto como un tanto vacío buen hacer de Silvestri, de quien un servidor hubiera preferido escuchar su Capitán América o, por descontado, Regreso al futuro. Siguió El último samurai, de Hans Zimmer: música "de sintetizadores" transcrita para gran orquesta con resultados efectistas y pretenciosos a más no poder, señas de identidad de un compositor al que no dudaría de tachar de mediocre si no fuera porque al principio de su carrera hizo cosas muy interesantes y recientemente nos ha legado una obra maestra absoluta llamada Interstellar. El tema de amor de El primer caballero es bonito, pero la suite de la partitura escrita para la ridícula cinta de Jerry Zucker se antoja en exceso larga para la escasa inspiración evidenciada por mi otras veces admiradísimo Jerry Goldsmith, de quien minutos más tarde se ofrecería su -esta vez sí- excelente música para Star Trek: Primer contacto. Completaban la primera parte la vistosa marcha de Basil Poledouris para Starship Troopers y el poco interesante tema principal -el resto de la partitura está mejor- del propio Broughton para Perdidos en el espacio. La música de este autor resulta fácil de definir: sinfonismo entroncado en la escuela estadounidense de los Copland y compañía, ese mismo que explicaba de maravilla Leonard Bernstein en uno de sus célebres conciertos para escolares, y del que aquí brevemente podemos señalar su carácter en buena medida épico y afirmativo, su lirismo sencillo un tanto naif y su atención centrada mucho antes en la fuerza melódica que en los aspectos tímbricos, rítmicos y armónicos de la escritura. En este sentido, Broughton ha sido el más claro continuador de esa senda cinematográfica que se abre con el citado Copland, continuó con Elmer Bernstein y alcanzó su mayor inspiración y popularidad con el hoy anciano John Williams. ¿El problema? Pues que la inspiración de Broughton no suele ser muy elevada, y al final uno tiene la sensación de que sus partituras para la atracción de Eurodisney From Time to Time, el videojuego Heart of Darkness -interesantes hallazgos humorísticos aquí- y las películas De vuelta a casa y Los rescatadores en Cangurolandia podrían ser perfectamente intercambiables; incluso también lo podría ser Tombstone si no fuera por su inconfundible sabor a western. Al final, la verdad sea dicha, uno no sabe su dejarse llevar por la sencillez y el vuelo lírico de sus melodías o enojarse por la ampulosidad de los metales y la percusión, o por sus tan efectivos como vulgares contrastes decibélicos. A destacar, eso sí, tres partituras de mediados de los ochenta que le dieron justísima popularidad a su autor: Más allá de la realidad, Bigfoot y los Hendersons (primer disco que tuve de Broughton, aquí en divertidísimo homenaje a Haydn y Mozart) y, sobre todo, El secreto de la Pirámide, obra maestra absoluta en la que su autor evidenció una muy apreciable inspiración en las melodías, un espléndido dominio de la orquestación y, sobre todo, una manera de escribir música minuciosamente descriptiva ("Mickey Mousing" se llama a eso) alcanzando la más extraordinaria categoría musical. De las interpretaciones no hay mucho que decir: como evidenciara en sus grabaciones de Jason y los Argonautas y Julio César (Bernard Herrmann y Miklós Rózsa respectivamente), Broughton es muy buen director de orquesta, así que no tuvo problemas en obtener un excelente partido de la Sinfónica de Sevilla, especialmente de unos metales a los que aquí se exigió potencia y redondez en grado sumo. Los violines me gustaron menos: cuando hubo que imitar a Mozart en Bigfoot, la ROSS evidenció sus habituales problemas con el clasicismo. Expresivamente Broughton también lo hizo muy bien, mostrándose centrado y entusiasta, aunque eché de menos matices en las dinámicas y cuidado en las transiciones, muy particularmente en Star Trek, que me sonó en exceso rígido y acartonado. Dos propinas: la magnífica Silverado -otro de sus grandes logros de juventud- y la más aristada y sombría Moonwalker, escrita para una cinta protagonizada por Michael Jackson. Entusiasmo indescriptible entre un público lleno de frikis (las entradas volaron: yo me saqué la mía en cuanto se pusieron a la venta) al terminar un concierto que, de haberse escogido con más tino el repertorio, podía haber sido mejor de lo que a la postre terminó resultando. En cualquier caso, ¡enhorabuena y que se repita! Sevilla necesita volver a ser el referente en música de cine que fue durante años.

Ópera Perú

1 de julio

Sinfonietta Tallinn en Ciclo Sinfónico de la SFL

Elenco estonio presentará dos conciertos este miércoles y jueves, en el Gran Teatro Nacional y en el Auditorio Santa Úrsula. (Difusión SFL) Continuando con su Ciclo Sinfónico, la Sociedad Filarmónica de Lima presenta este miércoles 1 de julio a las 8:00 p.m. en el Gran Teatro Nacional a la Glasperlenspiel Sinfonietta Tallinn de Estonia, dirigida por el maestro Darko Butorac. Se anuncia además la participación como solista de la pianista Lisa Smirnova. El programa que ofrecerán mañana es el siguiente: Obertura de “Las Bodas de Fígaro”, de Mozart; Concierto Nº 5 en mi bemol mayor, op. 73 “Emperador” y Sinfonía Nº 7 en la mayor op. 92, de Beethoven. Además, presentarán un segundo concierto extraordinario el jueves 2 a las 7:45 pm. en el Auditorio Santa Úrsula. El programa se mantiene, pero en vez del concierto "Emperador" de Beethoven, interpretarán la Sinfonía no. 60 en do mayor, H. 1/60 "El distraído" de Haydn. Sigue a Ópera Perú en Facebook y Twitter.La solista será la pianista Lisa SmirnovaLa Glasperlenspiel Sinfonietta Tallin se ha presentado en prestigiosos escenarios de Europa como en el Palais des Beaux-Arts de Bruselas, el Concertgebouw de Ámsterdam, el Gran Salón de la Filarmónica de San Petersburgo y Cologne Philharmonic Hall, siendo aclamados en cada concierto. Durante los últimos años, también se ha presentado en Suiza, Austria, Italia, Finlandia, Alemania, Bélgica, Reino Unido, Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, Grecia, Israel, Irán y ha participado en festivales internacionales de música de renombre como Ars Musica de Bruselas, Festival Pianistico Internazionale de Brescia y Bérgamo, Mittelfest, Attendant Rossini y Emilia Romagna en Italia, Oleg Kagan International Music Festival, Festival de Pascua de San Petersburgo en Rusia, Fajr Music Festival en Irán, entre otros.  Darko Butorac es Director Musical de las orquestas sinfónicas de Tallahassee y Missoula, en los Estados Unidos. Tras su notable debut con la Filarmónica de Belgrado en el 2011, Butorac fue invitado dos veces más por esa misma orquesta para cerrar su temporada 2011 y abrir la siguiente. En América del Norte, Butorac ha participado como director invitado con orquestas como Charleston Symphony, Canton Symphony, Orchestra Seattle y Seattle Chamber Singers, Montana Lyric Opera, y como director principal del Northwest Mahler Festival, en Seattle.Lo más destacado de sus compromisos como director invitado incluyen colaboraciones con la Georgische Kammerorchester Ingolstadt, la Filarmónica de Rubinstein de Lodz, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Eslovenia y Kharkov Philharmonic en Ucrania, y las visitas anuales con la Orquesta Giuseppe Verdi de Parma como el director principal del Festival de Ópera de Fidenza, en Italia. Butorac obtuvo en el 2004 el Gran Premio del Vakhtang Jordania International Conducting Competition. En marzo del 2005, fue invitado por la Liga de Orquestas Americanas para participar en el prestigioso Bruno Walter National Conductor Preview, con la Orquesta Sinfónica de Jacksonville. En 2003, Butorac recibió de David Zinman una beca para estudiar en la American Academy of Conducting, en el Festival de Música de Aspen. A su regreso a este mismo festival en el 2004, Butorac fue nombrado Director Asistente de la Opera Theater Center Aspen y trabajó con Julius Rudel y Arnold Oestman. También ha trabajado intensamente en el Brevard Music Center, Aspen Music Festival y en la Universidad de Indiana. Sus principales mentores son David Effron, Jorma Panula, Imre Pallo y David Zinman. La venta de abonos y entradas para el primer concierto se puede hacer en Teleticket de Wong y Metro. Las entradas para el concierto extraordinario del jueves se pueden adquirir, desde 20 soles, en las oficinas de la SFL. Informes al 4457395 - 2426396 y a informes@sociedadfilarmonica.com.pe 

Joseph Haydn
(1732 – 1809)

Joseph Haydn (31 de marzo de 1732 - 31 de mayo de 1809) fue un compositor austriaco. Es uno de los máximos representantes del periodo clasicista, además de ser conocido como el «Padre de la sinfonía» y el «Padre del cuarteto de cuerda» gracias a sus importantes contribuciones a ambos géneros. También contribuyó en el desarrollo instrumental del trío para piano y en la evolución de la forma sonata. Vivió durante toda su vida en Austria y desarrolló gran parte de su carrera como músico de corte para la rica y aristocrática familia Esterházy de Hungría. Aislado de otros compositores y tendencias musicales hasta el último tramo de su vida, estuvo, según dijo, «forzado a ser original». En la época de su muerte, era uno de los compositores más célebres de toda Europa. Era hermano de Michael, que también fue considerado un buen compositor, y de Johann Evangelist, un tenor. Tuvo una estrecha amistad con Wolfgang Amadeus Mozart y fue profesor de Ludwig van Beethoven. El listado completo de las obras del compositor se puede consultar en el catálogo Hoboken, sistema de ordenación creado por Anthony van Hoboken.



[+] Mas noticias (Joseph Haydn)
21 oct
La Discoteca de H...
3 oct
Ópera Perú
1 oct
Ópera Perú
22 sep
Ópera Perú
22 ago
Esfera Wordpress
14 ago
Scherzo, revista ...
18 jul
La Discoteca de H...
16 jul
Scherzo, revista ...
5 jul
La Discoteca de H...
4 jul
rtve.es - música ...
4 jul
El Blog de Atticus
16 jun
Ópera Perú
15 jun
Pablo, la música ...
14 jun
Ipromesisposi
7 jun
Ya nos queda un d...
5 jun
Pablo, la música ...
29 may
Ópera Perú
27 may
Ópera Perú
21 may
Ipromesisposi
16 may
Pablo, la música ...

Joseph Haydn




Haydn en la web...



Joseph Haydn »

Grandes compositores de música clásica

Las Estaciones Sinfonias Conciertos Opera Sonatas

Desde enero del 2009 Classissima ha facilitado el acceso a la música clásica y ha expandido su público.
Classissima ayuda tanto a aficionados como a expertos de la música clásica en su experiencia con la internet.


Grandes directores de orquesta, Grandes intérpretes, Grandes cantantes de ópera
 
Grandes compositores de música clásica
Bach
Beethoven
Brahms
Chaikovski
Debussy
Dvorak
Handel
Mendelsohn
Mozart
Ravel
Schubert
Verdi
Vivaldi
Wagner
[...]


Explorar 10 siglos de la música clásica...