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Música Clásica y ópera de Classissima

Joseph Haydn

viernes 24 de mayo de 2013


Ya nos queda un día menos

15 de abril

Sir Colin, un caballero

Ya nos queda un día menosNo suelo escribir obituarios en este blog, pero en el caso de Sir Colin Davis voy a hacer una excepción. No por la admiración enorme que me suscita el arte de quien sin duda ha sido una de las más grandes batutas de los últimos cincuenta años, a la que pude escuchar en directo un par de veces en Londres (enlace) y otras tantas en Granada, sino por algo más personal: de los muchos músicos a los que he tenido la oportunidad de acercarme para pedir autógrafos, este ha sido uno de los que "mejores vibraciones" me ha transmitido en lo personal. Educado, cordial, elegantísimo, atento, todo un caballero. Sé que parece una tontería, pero hay mucho de todo ello en sus sensacionales interpretaciones de Haendel, de Haydn, de Schubert, de Sibelius, de Britten y -gran especialidad de la casa- de Berlioz. Significativamente, su último disco ha sido el Réquiem del autor francés al frente de la Sinfónica de Londres. Quede aquí un fragmento del concierto celebrado el pasado junio en la Catedral de St. Paul en que se realizó la grabación, donde pueden ver cómo el maestro tuvo ya que resignarse a dirigir sentado. Descanse en paz.

El Blog de Atticus

14 de abril

"TO THE WONDER". LA MÚSICA DEL ÚLTIMO MALICK

El ser humano es un profundo misterio… No, tranquilos, que no os voy a dar la brasa con ninguna interpretación metafísica. Decía que el ser humano es un misterio porque es muy complicado averiguar por qué algunos congéneres nuestros pueden encontrar satisfacción en cosas como pasarse horas a la intemperie pescando truchas con mosca, dedicar el tiempo libre a escuchar discos de la tuna de Derecho o, como es mi caso, disfrutar sin reservas con el cine de Terrence Malick. Para mí, asistir a un nuevo estreno del director tejano es todo un acontecimiento. Y eso que no tiene la magia de antes, cuando podían transcurrir 20 años de espera entre una película y otra, lo que contribuía a engrandecer el mito (sobre todo si se trataba de dos obras maestras como “Días del Cielo” y “La delgada línea roja”); porque ahora Malick ha tenido un arranque de creatividad y en el plazo de dos años ha culminado dos películas (“El árbol de la vida” y esta “To the Wonder”) y tiene otras dos más en cartera a punto de salir de la sala de montaje. Pero, en cualquier caso, cuando acudo al cine a ver uno de sus trabajos, lo hago con una especial motivación y disposición. No se trata de entrar en la sala esperando a ver “qué me echan”, sino mentalizado para asistir a un recital de poesía en imágenes, a través de las cuales no sólo vamos a ver una historia, sino que vamos a compartir emociones y sensaciones a base de pura genialidad cinematográfica. Algunos se sienten incómodos ante una técnica narrativa con voces en off, ausencia de diálogos, grandes elipsis, inserciones súbitas de planos aparentemente incoherentes… pero ahí reside gran parte de la verdad y magia de su construcción. Esa es la forma en la que nuestra memoria guarda los recuerdos. Así funcionaría nuestra mente si, como los protagonistas de las historias de Malick, intentásemos rememorar lo sucedido tiempo atrás y recuperar las sensaciones vividas. Y si además logra que compartamos esas emociones y sensaciones que pretende contarnos, mediante cuidados planos de aparente sencillez (unas manos intentando aprehender la luz del sol en un cristal, el contacto del agua sobre la piel, el roce de unos labios…), el disfrute está garantizado. Al menos para algunos raritos como yo. De todas formas, no pretendía hablar aquí de “To the Wonder”, la última película de Terrence Malick y menos aún defenderla. Comprendo que haya personas que no la soporten y, por supuesto, no se la recomendaría a nadie a quien ya no le haya convencido cualquiera de sus películas previas. Pero, ¿a mí me ha gustado?: pues sí. Desde luego considero que está lejos de “El árbol de la vida” y de creaciones anteriores. Pienso también que hay un evidente fallo de casting con el reparto masculino. Y si se quiere hablar de pretenciosidad a raudales, de preciosismo formal, de hueco misticismo… no seré yo quien lo discuta. Pero sus imágenes siguen siendo bellísimas y su cine me sigue emocionando. Independientemente de sus mensajes. Es muy fácil hacer chistes sobre su grandilocuencia desbordante, aunque para mí es mucho más importante dejarme llevar por mis sensaciones y esas me siguen compensando, con mucho, cualquier reproche que se pueda hacer. Y se pueden hacer muchos.   Pero, como decía, no era mi intención analizar el último estreno de Terrence Malick, sino, tal y como ya hice cuando se estrenó “El árbol de la vida”, efectuar una referencia a la música que podemos escuchar en el film, o parte de ella. Y es que, como es habitual en las películas de Malick, la música ocupa un lugar esencial y no hay apenas ningún momento en el metraje en el que la imagen no esté acompañada por alguna melodía cuidadosamente escogida por el director estadounidense. En esta ocasión, firma la banda sonora original el neozelandés Hanan Townshend, y, como siempre, la cinta está plagada de fragmentos, más o menos conocidos, de música clásica. Al poco de comenzar “To the Wonder”, acompañando unas bellísimas e inolvidables imágenes de la abadía del Monte Saint-Michel y su entorno, nos encontramos nada menos que con las maravillosas notas del Preludio al acto I de la ópera “Parsifal”, la última de las compuestas por Richard Wagner. Este fragmento volverá a sonar en dos ocasiones más y, cada vez que se escucha, las emociones en la sala suben varios enteros. Aquí traigo ese Preludio, en la mítica versión que en 1951 interpretase en el Festival de Bayreuth la orquesta titular de la casa bajo la dirección del maestro Hans Knappertsbusch: Addiobelpassato No es inhabitual que Malick recurra a la música de Héctor Berlioz, ya lo hizo en “El árbol de la vida” con la “Grande Messe de Morts” del compositor francés. En esta ocasión se pueden escuchar fragmentos del segundo movimiento de su segunda sinfonía, conocida como “Harold en Italie”, compuesta por Berlioz en 1834 y estructurada en cuatro movimientos, con un protagonismo indiscutible de la viola. Aquí os dejo con ese segundo movimiento, “Marcha de los Peregrinos”, en interpretación de la London Symphony Orchestra, dirigida por Sir Colin Davis, con Nobuko Imai a la viola: video de sstuddert Otro compositor que repite respecto a “El árbol de la vida” es Ottorino Respighi, quien aparecía allí representado con la Suite III de sus “Arias y Danzas Antiguas”, siendo en esta ocasión la Suite II la que puede escucharse. En esta obra, Respighi procedió a transcribir libremente algunas piezas para laúd de los siglos XVI y XVII, convirtiéndolas en suite orquestal. Esta es la versión de esa Suite II que grabó en 1976 Sir Neville Marriner al frente de Los Angeles Chamber Orchestra: video de peartree336 Al poema sinfónico “La Isla de los Muertos”, compuesto en 1908 por Sergei Rachmaninov, ya le dedique una entrada en este blog. La obra fue escrita tras quedar impresionado el compositor con la visión en París de una reproducción del cuadro del mismo título del pintor suizo Arnold Böcklin. Malick incluye en su última película algún fragmento de este poema sinfónico de Rachmaninov, que podemos escuchar aquí a la Royal Stockholm Philharmonic Orchestra bajo la dirección de Sir Andrew Davis: video de Nocturne331 También Joseph Haydn tiene su hueco en “To the Wonder”, pudiéndose escuchar un fragmento de su genial oratorio “Las Estaciones”, compuesto alrededor de 1801,  cuando ya era un venerable anciano, y que constituye una de sus más relevantes obras, aunque haya estado un tanto infravalorada en su comparación con el otro gran oratorio del compositor austriaco, “La Creación”. Aquí podemos escuchar El Invierno, de “Las Estaciones” de Joseph Haydn, con Karl Böhm al frente de la Wiener Symphoniker y con Gundula Janowitz, Peter Schreier y Martti Talvela como solistas: video de Enrico Wessels Y vamos ahora con otras Estaciones, en este caso las compuestas por Peter I. Tchaikovsky en 1875 y 1876. Se trata de doce piezas breves para piano que fueron subtituladas con los nombres de los doce meses del año. La sexta, Junio, es una bellísima Barcarola que puede escucharse también en el último film de Malick en su versión orquestal. Como esta, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Detroit dirigida por Neeme Järvi: video de MrBambolfiga Y no menos belleza destila el Concierto para Piano nº 2 del ruso Dmitri Shostakóvich, compuesto como regalo de diecinueve cumpleaños para su hijo Maxim. Su maravilloso segundo movimiento, Andante, aparece también en la última película de Terrence Malick y podemos escucharlo ahora en una interpretación de 1958, con el propio Shostakovich al piano, acompañado por la Orquestre National de la Radiodiffusion Française bajo la dirección de André Cluytens: video de theoshow2 En 1977 el compositor estonio Arvo Pärt escribe “Fratres”. Al igual que Malick, Pärt está influido en su obra por un sentimiento trascendente y religioso que tienen claro reflejo en sus partituras. No es la primera vez que esta composición de Arvo Pärt llega a la gran pantalla. Ya en 2007, Paul Thomas Anderson la incluyó en su film “There will be blood” (Pozos de Ambición). Hay numerosas versiones de la pieza para diferentes combinaciones de instrumentos, la presentada en “To the Wonder” es para ocho violonchelos. En este blog, como no queremos ser menos, tenemos la versión para doce, que podemos escuchar ahora en la interpretación de los violonchelos de la Filarmónica de Berlín: video de clarisaxoflute Bueno, pues hasta aquí esta entrada de hoy sobre la música clásica que aparece en “To the Wonder”. No está referenciada toda la que suena en un momento u otro, ni mucho menos, pero sí los principales fragmentos que he podido identificar en esta última creación del siempre polémico y genial Terrence Malick. Espero que si no os ha gustado la película o ni siquiera vais a ir a verla, al menos podáis pasar un buen rato escuchando la música que he dejado. video de movietrailers  




Cantan ellas - El Blog de Maac

12 de abril

Julia Lezhneva y Giovanni Antonini en el Palau de la Música de Valencia

Esta tarde llegaba al Palau con la lengua afuera, literalmente, pero al final me ha sobrado tiempo, es la consecuencia de haber tenido la brillante idea de adelantar el reloj unos minutos para no llegar tarde a ninguna cita. A los pocos minutos de iniciarse el concierto se me pasó por la cabeza que tampoco hubiera pasado nada si hubiera llegado tarde, suponía que me hubieran dejado entrar entre el Concierto para flauta cuerdas y continuo, "La tempesta di mare" de Vivaldi y el Motete "In furore justissimae irae", y es que estos conciertos para flauta no están hechos para mí, mira que Vivaldi compuso conciertos para instrumentos solistas: violín, violonchelo, oboe, fagot, viola d'amore e incluso uno para mandolina, cualquiera de ellos lo hubiera preferido, además Giovanni Antonini, que se encargaba de la dirección y de tocar la flauta dulce, no ha estado muy inspirado, sobre todo en el Allegro. Después ha salido Julia Lezhneva y entonces sí que he comenzado a disfrutar, de ahí hasta el final ha sido un concierto brillante. Ya había disfrutado de la cantante rusa hace unos años en el Auditorio de Castellón, me dejó muy buen recuerdo y hoy estoy convencido de que no sólo sigue siendo una magnífica cantante con un timbre luminoso, puro y muy homgéneo sino que además se va superando, parece que ha ganado en presencia vocal, en proyección y sigue manteniendo una capacidad extraordinaria para el canto adornado, puede con todo tipo de agilidades y coloratura, mantiene un fiato portentoso, siendo capaz de regular el sonido ofreciendo preciosos filados, en ellos la voz no pierde un ápice de consistencia, sólo adelgaza el sonido, manteniendo intactas sus cualidades tímbricas, es -como he pensado y he escuchado decir a más de uno- una máquina. Y ahí doy con el problema -si he de decir que la soprano tiene algún problema- falta expresividad, comunicación, carisma; esto, en el caso de Lezhneva, se convierte en un mal menor porque ofrece un variado despliegue de recursos técnicos y belleza tímbrica y musical a raudales; además, seguro que en el aspecto expresivo irá mejorando con el paso de los años, todavía es muy joven, veinticuatro años. Tras el motete de Vivaldi, Il Giardino Armonico ha ofrecido "La Follia" de Geminiani, finalizando la primera parte con una nueva intervención de Lezhneva en el Motete "Saeviat tellus inter rigores" de Haendel. La segunda parte, que ha abandonado el Barroco para entrar de lleno en el Clasicismo,  ha comenzado con una brillante interpretación de la Sinfonía núm. 49 de Haydn, y ha terminado con el espectacular "Exultate Jubilate" de Mozart. Con Lezhneva parece fácil lo difícil, sin duda Lezhneva es una de las grandes estrellas del panorama actual interpretando música del siglo XVIII. No tiene nada que ver con el repertorio que nos ha ofrecido esta noche, salvo que es de Mozart, como el "Exultate...", pero no me resisto a poner este Youtube en el que Lezhneva ofrece una excelente versión de "Come scoglio": El concieto ha finalizado con un único bis, el Aleluya de "In caello stelle clare" de Porpora:

El Blog de Atticus

29 de marzo

EL "STABAT MATER" DE FRANCIS POULENC

“El Descendimiento” – Roger Van der Weyden – Museo del Prado (Madrid) Cualquier excusa es buena para traer de nuevo al blog una de mis obras pictóricas favoritas, como es ese magistral Descendimiento de Van der Weyden, y un poco de buena música. Y en esta ocasión la excusa es perfecta, porque ya ha llegado otra vez la Semana Santa. Torrijas, procesiones, monas de Pascua y películas de romanos a cascoporro, nos vuelven a recordar la ansiada llegada de la primavera. En el terreno musical, aparte de las Pasiones varias, una de las obras que aparecen puntualmente a su cita con estas fechas, es el “Stabat Mater” en cualquiera de sus múltiples versiones. La secuencia mariana de origen medieval que comienza con las palabras “Estaba la Madre dolorosa junto a la cruz llorando”, ha conocido centenares de adaptaciones musicales y prácticamente no hay compositor que se precie que no tenga su particular versión musicada de esos versos. La más popular, y una de las más bellas, posiblemente sea la que escribió Pergolesi. También son muy célebres las compuestas por Vivaldi, Scarlatti, Haydn, Rossini, Verdi o Dvorak. Pero hoy la que traigo aquí es la de Francis Poulenc (1899-1963), otro de los autores que acude también con cierta asiduidad a este blog, y que compuso también en 1950 su “Stabat Mater”. Fue la primera obra religiosa con orquesta completa que escribió el compositor francés. El 13 de febrero de 1949 fallecía repentinamente en París su amigo Christian Bérard, famoso diseñador, pintor y escenógrafo, responsable entre otras obras del vestuario y decorados de la mítica película de Jean Cocteau “La Bella y la Bestia” (1945), y una figura enormemente relevante en el mundillo artístico parisino de aquellos años. Poulenc, profundamente afectado por el suceso, pensó en escribir un Réquiem a su memoria, pero, como él mismo declaró, le pareció “demasiado ostentoso” y optó por componer su propio “Stabat Mater”, como oración para encomendar el alma de su amigo a la Virgen negra de Rocamadour. En apenas dos meses completó Poulenc su obra, escrita para orquesta, coro mixto y soprano solista y la estrenaría el 13 de junio de 1951 en el Festival de Estrasburgo. Poulenc divide la obra en doce secciones, otorgando al coro un papel preeminente, y a lo largo de su desarrollo observamos el gran contraste entre todas ellas, con fragmentos cargados de religiosidad y elevado misticismo, junto a otros de enorme fuerza dramática o incluso algunos que, escuchados de forma independiente, no nos hacen pensar que estamos ante una composición religiosa. En cualquier caso, lo principal es que se trata de una obra de gran belleza, donde Poulenc alcanza un importante grado de madurez compositiva, y cuya línea melódica y depuración estilística ya apunta claramente y nos recuerda a su futura obra maestra operística “Diálogos de Carmelitas”, que compondría apenas tres años más tarde. Pues nada más, aquí os dejo este “Stabat Mater” de Francis Poulenc en una de las escasas versiones completas que circulan por internet y que corre a cargo del Monteverdi Ensemble, el Monteverdichor de Würzburg, la soprano (o lo que sea) Christine Wolff y la dirección de Matthias Beckert, y os deseo a todos/as una muy buena Pascua: video de MonteverdiChor



Pablo, la música en Siana

27 de marzo

Satisfacción a raudales

Martes 26 de marzo, 20:00 horas. Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, Mieres. Concierto Sacro: Orfeón de Mieres, director: Joaquín Sandúa. Obras del Padre Prieto, Kodaly, Alfredo de la Roza, Bárdos, Van Berchem, J. M. Haydn, Tresch, Gabaráin y Juan A. García. Siempre es una alegría escuchar música en mi pueblo. Mayor si se unen en un concierto tantas razones emotivas: cantaba "El Orfeón", mi primera escuela coral; dirigía Sandúa, uno de los culpables de mi amor por el órgano, precisamente en esta Iglesia, y quien me presentó a Alfredo de la Roza en los tiempos de la Capilla Polifónica, y de quien escuchamos dos obras el día que conocíamos la noticia del Ayuntamiento de Oviedo que pondrá ¡por fin! su nombre a una calle. En la parte musical el reencuentro con la formación coral decana de Asturias y una de las más veteranas de España, en un programa exclusivamente sacro para este Martes Santo, con la presentación de cada tema a cargo del que fuera presidente, orfeonista y colega de profesión ya jubilado Eustaquio Álvarez Hevia, palabras medidas, doctas y sinceras como en él es habitual. Obras todas sentidas, bien interpretadas bajo la dirección atenta de Sandúa, con cuerdas bien compensadas (los bajos por fin asientan el coro) que siguen trabajando la técnica y buscando la afinación correcta, algo imprescindible en toda formación, empaste ayudado por las obras y la acústica perfecta en estos recintos. Repaso siempre bueno de partituras antiguas y montaje de nuevas, destacando la del húngaro Bárdos por su enorme dificultad pero que compensó el esfuerzo. Pongo aquí las obras interpretadas y sus autores: -In monte Oliveti (José Ignacio Prieto) -Stabat Mater (Zoltan Kodaly) -Memento mei Deus (Alfredo de la Roza) -Eli! Eli! (György Deák Bárdos) -O Jesu Christe (Jacob / Jacquet Van Berchem) -O Esca Viatorum (J. M. Haydn) -Ave Maria (J. B. Tresch) -La muerte no es el final (Cesáreo Gabaráin / armonizada por A. de la Roza) -Señor, me cansa la vida (Juan Alfonso García / A. Machado) No podía tener mejor inicio vacacional en casa con mis "querencias" corales y personales. La próxima parada, ya en abril, también será con la palabra hecha música en Madrid, pero aquí lo dejo sin más... Seguiremos en contacto por los medios habituales. P. D.: La página Web del Orfeón está "hackeada" y fuera de servicio temporalmente.Su Canal de YouTube está actualizado.

Pablo, la música en Siana

23 de marzo

Creación eterna

Viernes 22 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario de Semana Santa: OSPA, Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban García Miranda), William Berger (barítono), Topi Lehtippu (tenor), Eleanor Dennis (soprano). Director: Benjamin Bayl: La Creación, Hob. XXI/2 (Franz Joseph Haydn). Como filosofía de vida puede resultar paradójico hablar de muerte y después creación en un devenir donde la materia ni se crea ni se destruye, se transforma. Música coral donde la palabra (todo un detalle regalar el libreto bilingüe) se recrea, subraya, describe, emociona y transciende. Independientemente del significado que esta obra tenga para mí (se cantó "el dúo" en mi boda), el oratorio La Creación casi siempre es placentero escucharlo, y más cuando confluye todo para lograr un resultado excelente en directo, siempre irrepetible: El Coro de la FPA afrontó con equilibrio, seguridad, decisión, empaste, afinación y convencimiento una composición exigente para todas las voces, que pese a encontrarse con un auditorio medio lleno, dieron lo mejor de ellos. Están en plena forma y como dicen los entrenadores, llegando al pico de rendimiento, pues la fuga final resultó sobresaliente.Los solistas en conjunto resultaron como suele decirse aseados, y utilizando el lenguaje coloquial paso a describirlos: un alto "tenorín" australiano (de origen finlandés) de precioso color vocal aunque algo escaso de volumen para el plantamiento global, una soprano escocesa rubia como la cerveza brillante en todos los sentidos, y especialmente el barítono "roxu" que destacó entre ellos no ya por su color sino por la expresividad en cada una de sus apariciones como Rafael o Adán, narrando o actuando para enamorar a Eva. Las combinaciones que Haydn hace en su oratorio dan mucho juego para disfrutar de recitativos con un pianoforte inusualmente utilizado, arias, dúos y tríos, solos o con el coro, de ahí mi clasificación de menos a más. No me olvido de la mezzo del coro Carmen Luz que participó completando el cuarteto final con sus compañeros.La orquesta plenamente asentada, con calidad desbordante en todas sus secciones que se adapta como un guante a las exigencias de cada director, sabedora de su capacidad para cumplir sobradamente y todavía más en el Clasicismo, siendo el director quien marque las diferencias, contando con Jorge Jiménez como concertino invitado para la ocasión.Y como responsable total el también australiano (que no aunque parecido a asturiano) Maestro Bayl, que volvía de nuevo a Oviedo, tras un Mesías y otro Haydn que en su momento me emocionó así como la última Agrippina, se puede decir que con mando en plaza y con quien los intérpretes locales se sienten realmente cómodos aunque les exprima al máximo para lograr resultados como el del concierto fuera de abono que dió un paso más.Rafael Banús titula sus notas al programa "Del caos a la luz" que entronca muy bien con mi reflexión inicial de muerte y vida, progresión a lo largo de la obra con tres partes perfectamente estructuradas, "recuperando, a la manera de las Pasiones, la idea de una “pequeña ópera espiritual”, en la que se alternaran los pasajes de las Santas Escrituras con otros líricos y contemplativos, propios del teatro dramático", con todas las reminiscencias luteranas, anglicanas y hasta mozartianas que queramos, pues de muchas fuentes bebió "Papá Haydn" para este oratorio, que supone seguir ampliando repertorio para el tradicional concierto antes de la Semana Santa, pues no sólo de Bach vivimos los melómanos. Volviendo a las notas de Banús en cita del propio Haydn, “La Creación de Dios ha sido siempre considerada como la obra más noble, la más capaz de inspirar respeto al hombre que la contemple. Componer un acompañamiento musical adecuado a esta gran obra no puede tener otros efectos que intensificar el sentimiento de respeto en el corazón de los hombres y volverles más sensibles hacia la bondad del todopoderoso Creador. ¿Cómo podría ser todo esto irrespetuoso con la Iglesia?”, cerrando el círculo Catedral - Auditorio con la palabra hecha música y ésta Arte. Un concierto redondo del que disfruté como lo hicieron el jueves en el Jovellanos de Gijón... ¡o un poco más!, dando la enhorabuena a Benjamin Bayl como cabeza visible. Este viernes, además de llorar con "Lágrimas Negras" la muerte de Bebo Valdés, de empatar "la Roja" contra Finlandia (que vuelve a aparecer en esta entrada) también había en Avilés concierto de órgano con mi querido Fernando Álvarez Menéndez dentro de la XXXVI Semana de Música Religiosa, pero humano es carecer de la ubicuidad. De mis próximos conciertos informaré como pueda, vía teléfono, tableta o incluso Twitter©, que la tecnología nunca está reñida con los sentimientos...

Joseph Haydn
(1732 – 1809)

Joseph Haydn (31 de marzo de 1732 - 31 de mayo de 1809) fue un compositor austriaco. Es uno de los máximos representantes del periodo clasicista, además de ser conocido como el «Padre de la sinfonía» y el «Padre del cuarteto de cuerda» gracias a sus importantes contribuciones a ambos géneros. También contribuyó en el desarrollo instrumental del trío para piano y en la evolución de la forma sonata. Vivió durante toda su vida en Austria y desarrolló gran parte de su carrera como músico de corte para la rica y aristocrática familia Esterházy de Hungría. Aislado de otros compositores y tendencias musicales hasta el último tramo de su vida, estuvo, según dijo, «forzado a ser original». En la época de su muerte, era uno de los compositores más célebres de toda Europa. Era hermano de Michael, que también fue considerado un buen compositor, y de Johann Evangelist, un tenor. Tuvo una estrecha amistad con Wolfgang Amadeus Mozart y fue profesor de Ludwig van Beethoven. El listado completo de las obras del compositor se puede consultar en el catálogo Hoboken, sistema de ordenación creado por Anthony van Hoboken.



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